¿Qué es exactamente el lenguaje claro?

Dijo Enrique Jardiel Poncela – Cuando algo se puede leer sin esfuerzo es que se ha puesto un gran esfuerzo en su escritura».

Según International Plain Language Federation, una comunicación está en lenguaje claro si su redacción, estructura y diseño son tan transparentes que las personas lectoras a las que se dirige:

  • pueden encontrar lo que necesitan,
  • entender lo que encuentran y
  • usar esa información.

El lenguaje claro suele confundirse con lo que se denomina lectura fácil. Mientras que la lectura fácil consiste en adaptar contenidos para permitir una lectura y una comprensión más sencilla, el lenguaje claro:

  • es preciso y directo,
  • no cambia el registro,
  • no simplifica,
  • no adapta ni modifica el contenido y
  • está destinado a toda la ciudadanía.

Es decir, la lectura fácil está destinada a personas con dificultades de comprensión. El lenguaje claro, sin embargo, está destinado para todo el mundo. En inglés, por ejemplo, los conceptos de Simple English («inglés sencillo») y Plain English («inglés claro») no son sinónimos.

Estos son algunos de los beneficios del lenguaje claro:

  • Mejora el entendimiento público general.
  • Ahorra dinero y aumenta la eficiencia.
  • Disminuye la necesidad de aclarar públicamente.
  • Aumenta el entendimiento público de los formularios.
  • Reduce la cantidad de errores.

Dos de los grandes mitos que existen sobre el lenguaje claro es que «empobrece» el idioma y «rebaja» la calidad del contenido.

Sin embargo, a menos que estemos escribiendo, por ejemplo, para estudiantes de doctorados, expertos o abogados, no existe una necesidad real de usar un lenguaje complejo. Es más, hacerlo para parecer más inteligente causa a menudo el efecto contrario.

Escribir de manera clara implica usar una serie de pautas para destacar mejor las ideas fundamentales, como por ejemplo:

  • Usar el número necesario de palabras (p. ej., «presentarse» mejor que «hacer acto de presencia») y conectores lógicos para que el texto fluya adecuadamente.
  • Evitar frases largas (p. ej., no más de 15-20 palabras) y estructuras gramaticales complejas (p. ej., evitar subordinadas que confunden, especialmente los «gerundios de posterioridad»).
  • Dividir el contenido en párrafos (p. ej., no más de 6-8 frases por párrafo) y secciones claramente delimitadas (p. ej., usar listas con viñetas y títulos internos).

El uso de frases cortas con estructuras sencillas (sujeto + verbo + objeto) ayuda a aumentar la claridad de un texto. Hay que evitar aquellas palabras y estructuras que puedan disminuir la claridad de los contenidos, como preposiciones, adjetivos superlativos y verbos en voz pasiva.

Asimismo, se recomienda evitar encarecidamente:

  • palabras polisílabas (excepto si son estrictamente necesarias),
  • clichés (lo que se ha usado en exceso deja de aportar valor),
  • jerga corporativa (incluidas palabras extranjeras) y
  • palabras de moda (no suelen añadir valor).

Cuando escribimos para un público, debemos preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Quién es el público que va a leernos?
  • ¿Con qué finalidad van a leernos?
  • ¿Qué tanto saben sobre el tema?
  • ¿Qué reacciones tendrán a lo que escribimos?

La era digital ha hecho que la gente tienda a distraerse más fácilmente y tenga tiempos de atención más cortos. Por eso, el uso del lenguaje claro para atraer a aquellas personas lectoras que están siempre ocupadas es algo que debemos considerar. Un formato que facilite la lectura es hoy una de las claves para fidelizar al público.

Si os interesa aprender más sobre el lenguaje claro, os recomiendo asistir a eventos organizados por María Ester Capurro y Plain Language International Network (PLAIN). Para ver ejemplos de uso del lenguaje claro en español, podéis visitar la web de Helena Amorós Cabrera.

¡Nos leemos!

Traductor e intérprete EN-ES especializado en medicina. Ayudo a pacientes hispanohablantes y a profesionales médicos en EE. UU. a comunicarse sin barreras.